“No creo en una religión que predique la resignación”

Orillera entrevistó a Francisco “Paco” Olveira, párroco de la Isla Maciel, e integrante de la organización religiosa Curas en Opción por los Pobres. Una conversación fundamental que no necesita de mayores preámbulos.

Orillera: Estamos en tu casa, Paco y eso, en primer lugar, queremos agradecerlo. Que nos recibas acá, en la Isla Maciel, en el lugar en el que has decidido desarrollar tu labor pastoral. Y en este cuarto, que es una suerte de museo de la historia latinoamericana, de la historia de los oprimidos en esta América latina que tanto duele. Contar con tu palabra es, también, interrumpir la lógica de la «noticia», a la que lo único que parece importarle es el valor del dólar. Por eso, creo, nuestra primera pregunta es, ¿qué es para vos la dignidad?

Francisco “Paco” Olveira: Evita Perón decía que ella no creía en una religión que predicara la resignación. No sé si soy todo lo fiel que las palabras de Eva se merecen, pero ella decía que el último descamisado tenía tanta dignidad como el primer emperador. Desde mi fe cristiana, eso es así. Somos hijos de Dios y, por tanto, tenemos la misma dignidad. Ahora bien, el tema es que cuando nacés, bueno, ahí nomás las cosas comienzan a ser distintas. Por eso tomo tanta distancia de la meritocracia. Para empezar, porque no es cristiana. Pero, además, porque bien sabemos que no todo el mundo parte de una misma línea de largada. Aquí en la Isla, para no irme muy lejos, muchos pibes están condenados incluso antes de nacer. Y ya ni siquiera por una cuestión meramente económica. Es un conjunto de elementos contextuales que son condenatorios. La dignidad debería ser intrínseca a nuestra condición de ser humanos.

O: Frente a eso, Paco. ¿Qué hacemos? ¿Cómo hacemos? La reparación, claro, es imprescindible, pero ¿qué más? ¿Qué es necesario hacer para que estos pibes tengan futuro?

Paco: Frente a tu pregunta, es inevitable que venga a mi memoria Hélder Câmara, el arzobispo brasileño, y arzobispo emérito de Olinda y Recife, defensor de los derechos humanos y figura de la teología de la liberación. Hélder decía que «cuando doy comida a los pobres, me llaman santo. Cuando pregunto por qué son pobres, me llaman comunista». Para mí es una síntesis que comparto. Hay épocas —como la que estamos atravesando desde 2015 para acá— en las que te tenés que dedicar a dar un poco más de pan, para decirlo de alguna manera. Es un momento en que tenemos que dedicarle mucha energía a cosas que antes no le dedicábamos, porque no era necesario. Ahora, las cosas se transforman, se hacen ciertas, desde la acción, desde la política, desde el Estado. Debemos luchar por modelos donde la dignidad se haga realidad. Y, en ese sentido, sin estar en el paraíso, y sin olvidar esa frase que, aunque suene algo deprimente es cierta, “nunca alcanza”, es cierto que en el periodo anterior la gente vivió mucho mejor, adquirió derechos, etc. Hoy, todo se va para atrás. En estos días salió la información de que gente que recibía la Asignación Universal por Hijo, Cambiemos la utilizó para hacerla pasar como aportantes de su campaña electoral. En la próxima elección no podrán hacer ni eso, porque les bajaron la Asignación Universal.

Es necesario reafirmar que la Asignación Universal significó un cambio fundamental que el actual gobierno jamás hubiera implementado. De hecho, lo dije ya, la bajaron y, además, ajusta por los más pobres.

O: En la misma senda de la pregunta inicial de Rodolfo, quiero hacerte una pregunta algo más ontológica, si se quiere. ¿La igualdad es metafísica? ¿Cómo la pensás? A Cristo uno no se lo imagina «meritocrático».

Paco: Para mí es ontológica. Los Santos Padres, los curas de la primera Iglesia, uno no se los imagina diciendo “esto es tuyo y esto es mío”. Acá todo es de todos y de todas porque Dios hizo el mundo para todos y para todas. Y hay algunos ricos que se lo quedan como si fuera de ellos. Es como aquella situación de quien entra al teatro y no deja entrar a los demás a ver la obra, ¿no? Creo que es ontológica. Ahora bien, luego habrá diferencias, claro. De capacidad, incluso del esfuerzo personal, pero es indudable que hay modelos que tienen mucho más que ver con el cristianismo que son —si ustedes quieren— modelos socialistas. Los primeros cristianos, frente a la resurrección de Cristo, transforman su forma de vivir. Lo que tenían lo ponían en común, se vendía y luego se repartía de acuerdo con la necesidad de cada uno y nadie pasaba necesidad. Lo importante es que nadie pase necesidad.

“Los Santos Padres, los curas de la primera Iglesia, uno no se los imagina diciendo «esto es tuyo y esto es mío». Acá todo es de todos y de todas porque Dios hizo el mundo para todos y para todas. Y hay algunos ricos que se lo quedan como si fuera de ellos”.

O: El cristianismo, el socialismo, la Modernidad misma, son como una gran promesa, ¿no? Entonces, me pregunto en ese sentido si es metafísico, si no es algo que solo podrá ocurrir en el más allá, es decir imposible en el presente.

Paco: Bueno, no en su plenitud. Pero hay que caminar hacia allí. De otro modo sería una mera ilusión. Quiero decir, a Cristo lo mataron por eso. A Angelelli lo mataron por eso. A Mugica lo mataron por eso. A Romero, de El Salvador, lo mataron por eso. Hay quienes creyeron que merecía la pena dar la vida por esa manera de entender la dignidad y la lucha por la igualdad. Ahora, que no lo vamos a ver realizado acá en plenitud, seguro. Y que la historia de la humanidad es más la historia de desaciertos y desigualdades que de igualdad, también. Pero es nuestra utopía, nuestro ideal, el norte hacia el cual caminamos porque pensamos que así deben ser las cosas. Aun cuando esté claro que este mundo es un fracaso; tal y como está es un fracaso. La Teología de la Liberación dice que, aunque la hipótesis (que sabemos falsa) de que la co-existencia entre ricos y pobres no fuera fruto de la injusticia, igualmente es un fracaso de la humanidad. Que una abrumadora minoría controle el mundo. Que tres cuartas partes de la humanidad estén de la pobreza para abajo. Lo que vemos del gobierno de Donald Trump respecto de los inmigrantes latinoamericanos. Lo que escuchamos y vemos que pasa en el Mediterráneo. O el Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, que les pega a los senegaleses que venden en la calle. Lo digo de otro modo: aun si fuera natural la desigualdad, igual es un fracaso. Hay una parábola del Evangelio en la que el patrón va a buscar gente que está en una esquina para darles trabajo. Y se lleva a unos cuantos. Luego vuelve a mediodía y había otros que nadie había contratado. Se lleva a otros cuantos. A la noche, unas horas antes de que termine la jornada de trabajo, todavía se lleva a algunos más. Cuando empieza a pagar, empieza a pagar por el último y le paga lo mismo que a los primeros. Entonces los primeros se enojan muchísimo. “Nosotros trabajamos desde temprano, nos merecemos mejor paga”. Y el tipo les dice “me comprometí a pagar lo que necesitan para vivir; todos merecen esa paga”. Es una lógica inversa a la lógica capitalista.

O: Quería volver un momento sobre la pregunta inicial. Lo hago de la mano de una anécdota que solía contar en sus clases Don José Luis Sampedro Sáez, escritor, humanista y economista español que abogó por una economía «más humana, más solidaria, capaz de contribuir a desarrollar la dignidad de los pueblos». Él nunca olvidaba decir que la leyó en el libro España. Ensayo de historia contemporánea, de Salvador Madariaga: «En tiempos de la República, en Andalucía, están frente a un proceso eleccionario. El capataz de un cortijo va a hablar con los jornaleros que están sin trabajo, en la plaza, esperando porque algo les caiga para salir de esa situación, siempre angustiante. Este capataz se les acerca y les da un duro, dos duros, para que voten por el candidato del cacique al que responde. Uno de esos jornaleros, toma los dos duros y se los tira al capataz, diciéndole: “en mi hambre, mando yo”. Es de lo poco que puede decir un hambriento; por lo menos, eso. Que en tu hambre, mandes tú». Ahora bien, mi pregunta es, ¿hay dignidad en el hambre?

Paco: Hay situaciones en que el hambre destruye. No quiero caer en lugares comunes, pero la Teología de la Liberación dice que Dios prefiere a los pobres no porque son buenos, sino porque son pobres. Porque ahí lo que está pisoteada es la dignidad. Entonces, no puedo ponerme muchas excusas para llegar al otro, porque así no voy a hacer nada. El pobre, el rico, todos somos seres humanos y, puestos a hacer un análisis personalísimo, todos tenemos cosas buenas y cosas malas; pero acá estamos hablando de otro tema. Hablamos de personas a las que se les pisotea la dignidad más básica. Y eso, no pocas veces, acaba por destruir tu integridad humana. Claro, eso es verdad que empuja a conductas reprochables… pero hay un cinismo muy grande. Porque la “inmoralidad” que me quieras poner sobre la mesa que comete alguien empujado por la brutalidad del hambre es nada a la par de quienes en su opulencia desmedida sacan miles de millones de dólares para ponerlos en paraísos fiscales, o blanquean con leyes hechas a medida. Es esa violencia de arriba la que empuja la violencia de abajo.

O: Leía hace unos días que contaban acerca de la erradicación del paco en la Isla Maciel. Y pensaba en esa combinación entre amor, convicción y también estrategias políticas, ¿no? ¿Cómo se construyen? Porque se trata de cosas que, de dejarlas crecer, serían destructivas.

Paco: Es una suerte de acuerdo no escrito en el barrio. Son estrategias que se da el pueblo, para zafar un poco. Los que fuman, se cruzan a La Boca, lamentablemente. O cruzan para comprar. Pero bueno, son estrategias que se da el pueblo. No siempre las advertimos, pero allí están. Y transforman la historia en hechos concretos. Pienso en el 17 de Octubre. O también luchas de muchísimos años, como la lucha feminista. Y así vamos avanzando, aunque siempre en una lucha que se parece a la de David contra Goliat, que suele ser el que gana. Aunque, a veces, David le pega justo y algo sumamos. Aunque se torna imperiosa la pregunta de hasta cuándo será posible resistir ciertas situaciones, ¿no?

O: Es probable que hayamos leído con algo de prisa y mucho de injusticia aquella célebre frase de Marx respecto de que la religión “es el opio de los pueblos”, porque tengo para mí que no había en Marx una intención de banalizar nada. ¿Qué te sugiere esa frase?

Paco: Bueno, cuando Marx dijo que la religión “es el opio de los pueblos”, creo que llevaba bastante de razón. Cuando la religión predica la resignación, cuando no acompaña el sufrimiento de los más débiles, cuando te pide que agaches la cabeza porque luego vendrá la recompensa… claramente eso es opio. O paco. El paco del pueblo. Y aquel mensaje de que Dios mandó a su hijo al mundo para salvarnos. Y que murió en la cruz para salvarnos. Ese Dios sádico que necesitaba la sangre de su hijo para salvarnos, y que sigue necesitando de nuestra sangre. Eso es opio. No es que Jesús iba caminando, encontró una cruz y dijo “¡qué lindo, me voy a subir!”. Al revés, fue fiel a un proyecto diferente del proyecto de este mundo y es por eso que termina en una cruz.

O: Allí aparece la idea del sacrificio, ¿no? Dar lo que uno más quiere, contra la idea capitalista de lo que sobra. Es interesante esa idea.

Paco: Es interesante si se la vincula con la entrega y no con la resignación. Jesús dice, “el que quiera seguirme que tome su cruz y que me siga”, pero es la cruz del compromiso, la de sacrificar cosas buenas pero por un proyecto común, no el sacrificio en el sentido del que recurría al cilicio como medio de mortificación corporal, para sufrir, darle gloria a Dios, calmar las pasiones… y que todo siga igual. Jesús se la pasaba comiendo y bebiendo con la gente, en una época en la que no te sentabas a comer con cualquiera, porque el amor, la familia, todo eso era muy importante. Jesús no habla en ningún momento del ayuno.

O: ¿Qué fue lo que te hizo cristiano?

Paco: Soy de una familia católica practicante. Mi viejo fue el único que pudo estudiar de los hermanos, porque fue el más pequeño. Mi abuelo era sastre, anarquista. Y mi padre nunca se olvidó de esos orígenes, siempre tuvo las puertas abiertas a quien quisiera entrar. Y eso lo mamé, claro. A mí me influyeron bastante, en un sentido positivo, los scouts. Me ayudaron mucho en España, a ser crítico, a tener un pensamiento crítico. La primera vez que oí hablar de la Guerra de las Malvinas, me dijo uno de los instructores que esa era una guerra que había armado la dictadura militar para mantenerse en el poder. Mis orígenes, entonces, están en Málaga, en el sur de España del lado del Mediterráneo. Llegué a la Argentina en 1987. Y a la Isla Maciel hace trece años.

A mí me marcó con fuerza un cura que llegó a España y que trabajaba en los asentamientos de chabolas. Tenía 17 años cuando entré en el Seminario. ¿Entraría hoy, con 17 años? No lo sé… pero entonces fue una decisión que tomé. Lo que siempre tuve claro es que yo no solo quería trabajar, sino vivir con y entre los más pobres. De allí mi decisión de venir a América latina. Una clara opción por los pobres. De otro modo para mí no tendría sentido mi ministerio de cura, sino entre los pobres.

O: ¿Eso te hace lidiar con la institución?

Paco: Es más “abierta”, de lo que parece. No somos una secta. A veces digo, medio en broma y medio en serio, es como el peronismo. Ahora bien, como institución es más bien conservadora. Con Francisco, hay cosas que están cambiando. En general, podés laburar. A mí el obispo de San Justo me echó después de hacer una huelga de hambre, con otros curas del grupo, por la Villa 31 de Retiro. Me recibió otro obispo. Pero por lo general, tenés libertad para actuar.

O: A partir del papado de Francisco, ¿pensás que habrá un proceso de mayor apertura?

Paco: Venimos de una historia, con Juan Pablo II y Benedicto XVI de un centralismo romano y un camino a la derecha muy grande. Eso, en Argentina, en el plano de los nuevos nombramientos episcopales, está cambiando. De hecho, hay un par de nombramientos de dos curas de la Opción por los Pobres, algo absolutamente impensado en los periodos precedentes. Eso implicará seminarios distintos, formación distinta. No es lo mismo estudiar en la UNDAV que estudiar en la UCA. Incluso con el tema del aborto. Es un tema de salud pública y hay que legislarlo. La Iglesia nunca cambiará su postura. Pero es necesario que el Estado legisle. Tomo distancia de las dos posturas extremas. La de los Pro-Vida que pretenden poner a todo el resto en una situación de pro-muerte totalmente injusta. Y a quienes tienen la posición de “es mi cuerpo y hago con mi cuerpo lo que quiero”. Creo que la situación es una situación a la que ninguna mujer debe llegar y que afecta, sobre todo, a las más pobres. Es una cuestión de clase.

Francisco algunos pasos está dando. Los encuentros con los movimientos populares. Es sintomático, también, con quiénes se reúne. Con Evo Morales. Con Pepe Mugica. Y les dice “de ustedes depende el cambio de la sociedad; no se queden para administrar miseria; entren en las grandes ligas”. En Evangelii gaudium (La alegría del evangelio) dice «algunos todavía defienden las teorías del “derrame“, que suponen que todo crecimiento económico, favorecido por la libertad de mercado, logra provocar por sí mismo mayor equidad e inclusión social en el mundo. Esta opinión, que jamás ha sido confirmada por los hechos, expresa una confianza burda e ingenua en la bondad de quienes detentan el poder económico y en los mecanismos sacralizados del sistema económico imperante. Mientras tanto, los excluidos siguen esperando. Para poder sostener un estilo de vida que excluye a otros, o para poder entusiasmarse con ese ideal egoísta, se ha desarrollado una globalización de la indiferencia».

“El tema del aborto. Es un tema de salud pública y hay que legislarlo. La Iglesia nunca cambiará su postura. Pero es necesario que el Estado legisle. Tomo distancia de las dos posturas extremas”.

O: ¿Cómo ha impactado lo que viene ocurriendo en los dos últimos años largos? Tanto respecto del tejido social, como de la dinámica que se está abriendo.

Paco: Estoy desde 2005 y, desde entonces, vi muchos cambios positivos. Incluso a nivel estructural. Por ejemplo, no nos inundamos más. Tuvimos hasta 80 trabajadores de Vialidad Nacional que son de las organizaciones sociales de La Boca y de la Isla (y que ahora están echando). Había un Estado que escuchaba las demandas, y reconocía las luchas de los movimientos y de las organizaciones sociales. Luego políticas concretas: Argentina Trabaja, la AUH, Ellas Hacen, FinEs. No eran solamente programas económicos. Sino de acceso a derechos que antes no tenías. Teníamos nada más que una escuela primaria. Ahora tenemos hasta una Universidad a diez minutos. Eso hizo posible la reconstitución de muchas familias, porque necesitas todo eso para vivir. Y es justamente eso lo que se vuelve a disgregar. Familias que se rompen… en fin.

O: Le escribiste una carta al presidente y otra a la vicepresidenta. ¿Con qué repercusión de parte de ellos?

Paco: A Michetti le escribí dos. Estoy pensando si pierdo el tiempo de escribirle una tercera a fin de año. Ella había dicho —cuando ganaron— que había gente contenta aunque sabía que algunos sectores humildes estaban preocupados por lo que ellos pudieran hacer. Bueno, al año le escribí para decirle que en el barrio “había subido todo, menos la alegría”. Pero esa carta ya queda tan lejos… y todavía no llevamos tres años. Luego de la primera carta dijo que quería venir. Nosotros le dijimos que para la foto no. Tuvimos un intercambio vacío. En el que, en un momento, empezó a echarle la culpa de todo al anterior gobierno y nosotros le dijimos: “no hable mal de nuestros amigos”. De esa reunión lo único que quedó fue algo relacionado con la garrafa social, pues quienes hasta ese momento gestionaban eso eran personas que habían quedado del periodo anterior. Bueno, a los pocos meses los echaron. La carta a Macri era más bien una ironía. Mugica decía que la única forma de acabar con la pobreza que él conocía era la de acabar con la riqueza. Entonces le decíamos que siendo él y sus amigos tan ricos, una buena manera de empezar podía ser que se deshicieran de su riqueza o, al menos, de los 70 mil millones del Correo Argentino. Eso nos iba a acercar, le decíamos, a la ansiada pobreza cero.

O: Mugica fue una bisagra, ¿no?

Paco: La dictadura mató religiosas, monjas, y muchísimos laicos. Muchísimos, que entraron en la lucha desde los ideales del Evangelio. Eso tiene mucho que ver con el Concilio Vaticano II aplicado a América Latina. Grandes obispos como Hélder Câmara. El Pacto de las Catacumbas, en el que aquellos obispos se comprometieron a caminar con los pobres y a ser una Iglesia pobre al servicio de los pobres, con ellos y entre ellos. Se comprometieron a llevar un estilo de vida simple, renunciando no sólo a los símbolos de poder, sino al mismo poder externo, volviendo de esa forma a la raíz del evangelio en el que dicen “nosotros vamos a vivir pobremente”. Y luego el Manifiesto de los 18 obispos del Tercer Mundo, en donde dicen aquello del pueblo de los pobres y los pobres de los pueblos en medio de los cuales nos ha puesto el Misericordioso como pastores de una pequeña multitud, que saben por experiencia que deben contar con ellos mismos y con sus propias fuerzas, antes que con la ayuda de los ricos. Allí hablan del socialismo directamente, como la forma más cercana al cristianismo y allí nace el Movimiento de Sacerdotes del Tercer Mundo en 1968. Son unos 400 curas en la Argentina que adhieren. Mugica será una de sus caras más visibles. Y en ese marco, los curas de esta opción entienden que el socialismo en la Argentina es el peronismo.

“Mugica decía que la única forma de acabar con la pobreza que él conocía era la de acabar con la riqueza. Entonces le decíamos (a Macri) que siendo él y sus amigos tan ricos, una buena manera de empezar podía ser que se deshicieran de su riqueza.”

O: ¿Nos querés contar de la Fundación Isla Maciel?

Paco: La Fundación nace del trabajo comunitario que realiza la Parroquia Nuestra Señora de Fátima. Algunos de sus integrantes son vecinos del barrio; otros, son ciudadanos solidarios que se suman al objetivo de mejorar las condiciones —materiales y simbólicas— de vida de quienes menos tienen. Si bien la sede de la entidad se encuentra en la Isla Maciel, el trabajo trasciende los límites geográficos. Nuestra fundación tiene un lema: “Trabajar y vivir con dignidad”. Eso, porque por una parte significa reivindicar el trabajo como herramienta de transformación del cual fuimos históricamente excluidos, y por otra parte cuando decimos dignidad decimos derechos, no queremos como fundación estar regalando nada, en todo caso estamos ayudando a que la gente vuelva a recuperar lo que son sus derechos: derechos al trabajo, a la educación, a la salud. El cierre de muchos programas por parte del gobierno nos ha generado problemas. Algo de lo que hacíamos debimos discontinuarlo y otras cosas las seguimos, como podemos. La Orquesta Infanto Juvenil de la Isla Maciel, por ejemplo, estaba proyectado que forme parte de las Orquestas del Bicentenario y todo eso se cortó. Tenemos programas de mejoramiento de viviendas, uno de ellos son micro créditos. El problema que estamos teniendo con eso es que, antes a la gente le sobraba un manguito para pagar el crédito, y ahora… ya no. También tenemos un pequeño centro de atención de adicciones. Un pequeño centro odontológico. Tenemos la Casa del niño Eva Perón que funciona a contra turno, para chicos que van al Jardín y a la Primaria. Y también para algunos que están sin escolarizar. Bueno, también la Orquesta Infanto Juvenil. Muchas cosas se hacen con Voluntariado. Lamentablemente tenemos los dos comedores ahora, que atiende unas 500 personas cada noche.

O: Dos preguntas más. ¿Te preocupan las consecuencias que pueden derivarse de una situación económico-social cada vez más preocupante y de una evidente escalada represiva? Y, por otro lado, ¿sos consciente del valor del ejemplo?

Paco: Empiezo por la última. Es verdad que hay quien se lleva las fotos y “algunas flores”, para decirlo de alguna manera. Pero son muchas y muchos quienes de manera anónima, silenciosa, hacen muchísimo por todo esto que hemos estado hablando. Entiendo que hoy hay que decir una palabra, y si a uno le toca ese rol, debe hacerlo contra este modelo y contra este sistema que genera mayor desigualdad, que es lo que más duele. No se trata de un “error de cálculo”. Son modelos antagónicos.

Ahora bien, no me pienso yendo a “convertir” a nadie. Voy a acompañar la fe de mi pueblo. En ese sentido, está bien recordar aquí lo que dijo Francisco, cuando se refería “a cualquier persona que tenga demasiado apego por las cosas materiales o por el espejo, a quien le gusta el dinero, los banquetes exuberantes, las mansiones suntuosas, los trajes refinados, los autos de lujo, le aconsejaría que se fije qué está pasando en su corazón y rece para que Dios lo libere de estas ataduras”. Pero, sobre todo, dijo el Papa, “parafraseando al ex presidente latinoamericano que está por acá [Mujica], el que tenga afición por todas esas cosas, por favor, que no se meta en política, que no se meta en una organización social o en un movimiento popular, porque va a hacer mucho daño a sí mismo y al prójimo y va a manchar la noble causa que enarbola”. Entonces, no es cristiano invertir en Lebac. ¿No?

Y respecto de la otra pregunta. Veo que hay una cierta diferencia con el 2001. Aun cuando la gente está muy mal, tiene un colchón que son las políticas que se desarrollaron en el periodo precedente. Ahora bien, cuidado, porque la degradación es muy acelerada. Y es un modelo que debe reprimir para desarrollarse. Y los muertos son siempre del mismo lado. •

 

* Francisco “Paco” Olveira, Párroco de Nuestra Señora de Fátima. Fundación Isla Maciel. Colectivo Curas en la Opción por los Pobres.